La Mezquita: seis décadas de historia, tradición y sabor español en Guatemala

La Asociación Española en Guatemala o, como era conocida por todos, “La Bene”, nació en 1866. Como aún no tenía sede propia, anduvo de manera errante hasta que adquirió el inmueble en el que hoy opera La Mezquita, protagonista de nuestra historia. Sin embargo, es La Bene quien da origen a La Mezquita y, por ello, es importante rememorar sus inicios. 

Su historia comienza en 1947, cuando el edificio es adquirido por la Asociación Española de Beneficencia a la familia Yurrita, muy conocida en la zona 1. Tras tres años de reformas; en la década de los cincuenta, inició sus actividades junto con los servicios médicos del doctor Constantino Álvarez oriundo de Oviedo, colegiado número uno del Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala, quien contaba con una consulta dentro del inmueble y prestaba atención a todo español que la necesitara. 

Nolo Domínguez, propietario de La Mezquita, en el interior del restaurante. Diego García Barragán, 2026.

Así es como la Bene nace con la idea de ayudar a las personas de origen español más desfavorecidas, brindándoles alojamiento, alimentación y asistencia. También acogía a huérfanos y enfermos que, por una u otra razón, acababan en Guatemala sin recursos ni apoyo. 

Este espacio surge como lugar de reunión, ocio y encuentro para todos aquellos españoles que vivían lejos de su tierra. Aquí aparece en escena Manuel Domínguez, de origen gallego y padre de Nolo; nuestro entrevistado. Tras exiliarse de España debido a la Guerra Civil y pasar por numerosos países latinoamericanos, tenía previsto establecerse en México. Sin embargo, su destino final terminó siendo Guatemala, donde decidió quedarse gracias a la buena acogida que recibió por los conocidos y amigos que allí conoció. Para alguien que llegaba con lo puesto, aquella generosidad terminó convirtiéndose en hogar. 

A su llegada a Guatemala comenzó trabajando como cuidador de caballos en Villa Nueva, en la finca de un amigo. Más adelante también desempeñó labores como cocinero y comerciante de automóviles en distintas empresas. Fue en 1960 cuando, tras ser recomendado por varios amigos y compañeros de trabajo, comenzó a prestar sus servicios en La Bene, aunque bajo la premisa de atender exclusivamente a españoles. Empezó como administrador de la casa y, poco a poco, fue devolviéndole la vida al lugar, convirtiéndolo en un punto de encuentro de referencia para la comunidad española.

Gracias a su contacto con la ciudad, fue conociendo a muchos españoles que, por motivos similares a los suyos, vivían expatriados en Guatemala. Así fue como llegó a Jesús Botrán Merino, quien por aquel entonces presidía la Asociación Española y quien le brindó el primer contrato con la Asociación. En 1974 nació el Club Español, anteriormente conocido como Centro Español. Conviene recordar que la Asociación Española de Beneficencia es la entidad madre tanto del Club Español como del Sanatorio El Pilar. 

Fue entonces cuando el padre de Nolo pasó a administrar simultáneamente el Club y la Bene. Durante los años noventa ya se había forjado una importante reputación. “La gente venía a comer a la Bene y preguntaba por Manolo. Hacían cola para poder comer aquí. Es un orgullo poder decir que mi padre fue uno de los pioneros de los inicios de La Mezquita”, rememora Nolo.

Nolo Domínguez y Paula Ruiz, recorriendo las instalaciones del restaurante. Diego García Barragán, 2026.

“Por aquí pasaron numerosas personalidades, desde presidentes emblemáticos como Ramiro de León, Alvaro Arzú, Jorge Serrano, hasta alcaldes, Rigoberta Menchú, premio Nóbel de la Paz; pintores y artistas de toda índole”. Nolo recuerda algunos nombres como Mario Monteforte, Manolo Gallardo, José Barnoya, Alejandro Urrutia, Arnoldo Ramírez Amaya, Rudy Cotton; artistas y deportistas internacionales, Paloma San Basilio, Julio Iglesias, miembros del equipo del Real Madrid de 1960; ciclistas de los 70’s Manuel Galera, Abelda Tormo y Juan Manuel Santisteban; la selección española de futsal campeona del mundo en el año 2000 en Guatemala. Todos coincidían en una cosa: “La Bene era su casa”. 

A principios de los noventa llegaron grandes cambios. Con la dirección de Don Julián Presa Fernández, presidente en ese entonces de La Bene, se decidió remodelar completamente el espacio: se derribaron paredes, y unificaron ambientes para abrir el restaurante al público en general, dejando de ser un lugar reservado únicamente para españoles. 

Fue entonces cuando comenzó a llamarse La Mezquita, en honor a la Mezquita de Córdoba. Según cuenta Nolo, el presidente de la Bene de aquella época sugirió a su padre esa idea basándose en un libro conmemorativo de “Las Maravillas de España”, el cual aporta un prólogo de Miguel Ángel Asturias premio Nobel de literatura, sobre los lugares, personas, costumbres y monumentos de España.  Y como homenaje, decidió bautizar el restaurante con el nombre de La Mezquita, ambientando los arcos y un mural con el prólogo de ese libro.

Interior de La Mezquita.

“Hasta 35 personas podía haber en una misma mesa, charlando y discutiendo hasta altas horas de la noche mientras gestaban las ideas del mañana”, recuerda. “Yo comencé a trabajar y a echar una mano aquí cuando apenas tenía 11 años, allá por 1972”. 

El pasado 20 de marzo, Nolo celebró los 65 años desde que su padre inició su trayectoria profesional vinculada a La Mezquita. Hoy recuerda aquellos tiempos con nostalgia, aunque también con gratitud. “Más que tristeza o añoranza, me siento un privilegiado por haber tenido la oportunidad de conocer a tantas personas relevantes y de poder considerarlas amigos, no solo clientes de La Mezquita”. 

Respecto a la carta del restaurante, gran parte de su inspiración proviene de la gastronomía española. “Entre los platos que más sensación han causado, destacaría los callos al estilo madrileño, el bacalao, y la paella mixta; regularmente se añaden platos novedosos, este año se ofreció el marmitako de pulpo, receta vasca, y los calamares en salsa malagueña que ofrecimos durante la Cuaresma”. En 2004 recibieron un premio de hostelería por la difusión de recetas españolas. Sin embargo, Nolo no pudo recogerlo personalmente, ya que la ceremonia se celebraba en Madrid y en aquel momento no le era posible viajar. 

“En general, todo nuestro menú gusta mucho, pero los platos estrella y que siempre mantenemos son los callos, la carne guisada, los pescados, lentejas y la fabada. Esta última intentamos hacerla lo más fiel posible a la receta original, aunque tenemos ciertas limitaciones, como no disponer de la faba asturiana y tener que sustituirla por una variedad de frijol traído de Mexico. Aun así, el resultado gusta mucho”. De manera temporal, otros platos emblemáticos de la cocina española también han formado parte de la carta, como el potaje gallego, guisado de ternera, y variedades de arroces; una receta heredada de su padre y transmitida de generación en generación, o la paella negra. 

Entre los principales retos a los que han tenido que enfrentarse para sobrevivir, Nolo destaca la pandemia. “El Covid lo cambió todo. Logramos sobrevivir, pero fue una situación muy crítica. Muchos negocios similares de la zona 1 desaparecieron. De repente, el mundo tecnológico cobró una importancia enorme y tuvimos que aprender a adaptarnos”. 

Actualmente, La Mezquita atraviesa un momento positivo. Y la generación siguiente dispondrá de expandir el concepto. “Respecto al futuro, me siento muy confiado. Estamos logrando expandirnos a nuevos mercados porque siento que el centro ya está bastante saturado. La clave de La Mezquita es la combinación entre empresa familiar, cariño por la marca y ganas constantes de generar nuevos proyectos”. 

Sin duda, lo que hace diferente a La Mezquita y le ha permitido sobrevivir al paso del tiempo en la zona 1 es su innegable esencia española combinada con la cultura guatemalteca. Una fusión de sabores, tradiciones y hospitalidad difícil de igualar. Además, existe algo que sus clientes reconocen desde la primera visita: un trato cercano y familiar que convierte cada comida en una experiencia especial. Porque quien entra una vez a La Mezquita, casi siempre termina regresando.